El jugador de F. Dostoievski
TEXTO 1
Me volví de pronto. ¿Cómo? ¿Había ganado cien mil florines en aquella velada? ¿Qué más quería?
Me lancé sobre los billetes, los metí en mis bolsillos, sin contar; recogí todo el oro, todos los cartuchos,
y salí rápidamente del casino.
Todos reían cuando atravesé por las salas, al ver mis bolsillos hinchados y mi paso desigual, que el oro hacía
pesado. Debía llevar más de medio pud. Varias manos se tendieron hacia mí. Distribuí dinero a puñados. Dos
judíos me detuvieron a la salida.
-Usted es muy atrevido, muy atrevido –me dijeron-, márchese mañana mismo, por la mañana; si no lo
perderá todo... todo. No me paré a escucharles. La avenida estaba oscura, tanto que difícilmente habría
podido distinguir los dedos de mis manos. Había quinientos metros hasta el hotel. No he tenido nunca
miedo, ni aun en mi niñez En aquella hora tampoco pensaba en ello. Ne puedo recordar lo que iba
pensando por el camino. Mi cabeza estaba vacía. Experimentaba tan sólo una especie de voluptuosidad
intensa -embriaguez del éxito, de la victoria, de la potencia-; no sé cómo explicarme.
TEXTO 2
Y dígame: además del juego, ¿en qué otra cosa se ocupa usted?
-En nada.
Se puso a examinarme con la vista. Yo no sabía nada; apenas si leía periódico, y desde luego, en todo
aquel tiempo había abierto un libro.
-Usted se va a volver de piedra –observó– No sólo se aparta de la vida, de sus intereses y de los intereses
sociales, de los deberes del ciudadano y el hombre, de sus amigos (usted los tenía, a pesar de todo…) no
sólo se desentiende usted de todo lo que no sea el juego,.. sino que hasta prescinde de sus recuerdos. Yo
lo recuerdo a usted en un instante ardoroso y fuerte de su vida; pero estoy seguro de que usted ya se ha
olvidado de todas sus mejores impresiones de aquel tiempo; sus sueños, sus más vehementes ansias, no
van ahora más allá del par e impar, rojo, negro, doce en medio... ¡Estoy convencido!
-¡Basta, míster Astley! Por favor, por favor, no me recuerde –exclamé contrariado y casi iracundo- de
sobra sabe usted que nada he olvidado, sino que por un tiempo lo he echado todo fuera de mi cabeza,
incluso hasta los recuerdos…, hasta que no arregle radicalmente mi situación, entonces… entonces ya
verá usted cómo resucito de entre los muertos.
-Usted estará aquí todavía dentro de diez años –dijo- Le advierto a usted desde ahora que , si para
entonces vivo, se lo he de recordar aquí mismo, en este mismo banco.
TEXTO 3
¡Mister Astley se equivocaba![…] Lo esencial ahora es Suiza. Mañana mismo... ¡Oh, si fuese posible
marchar mañana! Es preciso convertirse en un hombre nuevo, resurgir. Quiero demostrarles... Polina sabrá
que aún puedo volver a ser un hombre. Basta, para esto... Hoy es demasiado tarde, pero mañana... Tengo
una corazonada. ¡No puede fallar! ¡Me quedan quince luises y empecé con quince florines! Si al principio
se juega con prudencia... ¿Seré un chiquillo? ¿Es posible? Pero... ¿quién me impide que rehaga mi vida?
Con un poco de energía puedo en una hora cambiar mi suerte. Lo principal es tener carácter. No tengo más
que recordar lo que me ocurrió hace siete meses en Ruletenburgo, antes de perderlo todo. Fue un ejemplo
notable de lo que puede muchas veces la decisión. Lo había perdido entonces todo...,absolutamente todo...
Al salir del casino siento que dentro de mi bolsillo se mueve algo. Es un florín: "Ya tengo bastante para
comer", me dije. Pero después de haber andado unos cien pasos, cambié de parecer y me volví. Puse aquel
florín en el manque. Verdaderamente se experimenta una sensación singular cuando, solo, en tierra extraña, lejos
de la patria y de los amigos, y sin saber si uno podrá comer el mismo día, se arriesga el último florín. Gané, y
cuando veinte minutos más tarde salí del casino, me hallaba en posesión de ciento setenta florines. He aquí lo que
son las cosas, lo que a veces puede significar el último florín. ¿Y si yo ahora perdiese los ánimos y no me atreviera
a tomar nuevas decisiones?
¡No, no; mañana ...! ¡Mañana todo habrá concluido!
Artículo sobre DostoyevskiEL PAÍS
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