TEMA 6, SIGLO XIX: EL REALISMO RUSO



 



El jugador de F. Dostoievski

TEXTO 1

Me volví de pronto. ¿Cómo? ¿Había ganado cien mil florines en aquella velada? ¿Qué más quería? 

Me lancé sobre los billetes, los metí en mis bolsillos, sin contar; recogí todo el oro, todos los cartuchos, 

y salí  rápidamente del casino.

Todos reían cuando atravesé por las salas, al ver mis bolsillos hinchados y mi paso desigual, que el oro hacía 

pesado. Debía llevar más de medio pud. Varias manos se tendieron hacia mí. Distribuí dinero a puñados. Dos 

judíos me detuvieron a la salida.

-Usted es muy atrevido, muy atrevido –me dijeron-, márchese mañana mismo, por la mañana; si no lo 

perderá todo... todo. No me paré a escucharles. La avenida estaba oscura, tanto que difícilmente habría 

podido distinguir los dedos de mis manos. Había quinientos metros hasta el hotel. No he tenido nunca 

miedo, ni aun en mi niñez En aquella hora tampoco pensaba en ello. Ne puedo recordar lo que iba 

pensando por el camino. Mi cabeza estaba vacía. Experimentaba tan sólo una especie de voluptuosidad 

intensa -embriaguez del éxito, de la victoria, de la potencia-; no sé cómo explicarme.  

 

TEXTO 2

Y dígame: además del juego, ¿en qué otra cosa se ocupa usted?

-En nada.

Se puso a examinarme con la vista. Yo no sabía nada; apenas si leía periódico, y desde luego, en todo 

aquel tiempo había abierto un libro.

-Usted se va a volver de piedra –observó– No sólo se aparta de la vida, de sus intereses y de los intereses

sociales, de los deberes del ciudadano y el hombre, de sus amigos (usted los tenía, a pesar de todo…) no

sólo se desentiende usted de todo lo que no sea el juego,.. sino que hasta prescinde de sus recuerdos. Yo 

lo recuerdo a usted en un instante ardoroso y fuerte de su vida; pero estoy seguro de que usted ya se ha 

olvidado de todas sus mejores impresiones de aquel tiempo; sus sueños, sus más vehementes ansias, no 

van ahora más allá del par e impar, rojo, negro, doce en medio... ¡Estoy convencido!

-¡Basta, míster Astley! Por favor, por favor, no me recuerde –exclamé contrariado y casi iracundo- de 

sobra sabe usted que nada he olvidado, sino que por un tiempo lo he echado todo fuera de mi cabeza, 

incluso hasta los recuerdos…, hasta que no arregle radicalmente mi situación, entonces… entonces ya 

verá usted cómo resucito de entre los muertos.

-Usted estará aquí todavía dentro de diez años –dijo- Le advierto a usted desde ahora que , si para 

entonces vivo, se lo he de recordar aquí mismo, en este mismo banco.  

TEXTO 3

 

¡Mister Astley se equivocaba![…] Lo esencial ahora es Suiza. Mañana mismo... ¡Oh, si fuese posible 

marchar mañana! Es preciso convertirse en un hombre nuevo, resurgir. Quiero demostrarles... Polina sabrá 

que aún puedo volver a ser un hombre. Basta, para esto... Hoy es demasiado tarde, pero mañana... Tengo 

una corazonada. ¡No puede fallar! ¡Me quedan quince luises y empecé con quince florines! Si al principio 

se juega con prudencia... ¿Seré un chiquillo? ¿Es posible? Pero... ¿quién me impide que rehaga mi vida? 

Con un poco de energía puedo en una hora cambiar mi suerte. Lo principal es tener carácter. No tengo más

que recordar lo que me ocurrió hace siete meses en Ruletenburgo, antes de perderlo todo. Fue un ejemplo 

notable de lo que puede muchas veces la decisión. Lo había perdido entonces todo...,absolutamente todo... 

Al salir del casino siento que dentro de mi bolsillo se mueve algo. Es un florín: "Ya tengo bastante para 

comer", me dije. Pero después de haber andado unos cien pasos, cambié de parecer y me volví. Puse aquel 

florín en el manque. Verdaderamente se experimenta una sensación singular cuando, solo, en tierra extraña, lejos 

de la patria y de los amigos, y sin saber si uno podrá comer el mismo día, se arriesga el último florín. Gané, y 

cuando veinte minutos más tarde salí del casino, me hallaba en posesión de ciento setenta florines. He aquí lo que 

son las cosas, lo que a veces puede significar el último florín. ¿Y si yo ahora perdiese los ánimos y no me atreviera 

a tomar nuevas decisiones?

¡No, no; mañana ...! ¡Mañana todo habrá concluido!

Artículo sobre Dostoyevski 
EL PAÍS
https://elpais.com/opinion/2024-10-30/el-juego.html

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