¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad! Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin, amor de un solo pensamiento, que no divagas, que eres puro, sin máscaras, sin una mancha. Permíteme tenerte entero... ¡Sé todo, todo mío! Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer del amor que es tu beso... esas manos, esos ojos divinos ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero, incluso tú misma, tu alma por piedad dámelo todo, no retengas un átomo de un átomo o me muero, o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable, ¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil, los propósitos de la vida, el gusto de mi mente perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!. John Keats. | Rima X Los invisibles átomos del aire en derredor palpitan y se inflaman, el cielo se deshace en rayos de oro, la tierra se estremece alborozada, oigo flotando en olas de armonías rumor de besos y batir de alas, mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? —¡Es el amor que pasa! Rima XV Por una mirada, un mundo, por una sonrisa un cielo, por un beso… ¡yo no sé qué te diera por un beso! Gustavo Adolfo Bécquer |
Cuando nos separamos en silencio y con lágrimas, con el corazón medio roto, para apartarnos por años, tu mejilla se tornó pálida y fría y tu beso aún más frío... Aquella hora predijo en verdad todo este dolor. El rocío de la mañana resbaló frío por mi frente y fue como un anuncio de lo que ahora siento. Tus juramentos se han roto y tu fama ya es muy frágil; cuando escucho tu nombre comparto su vergüenza. Cuando te nombran delante de mí, un toque lúgubre llega a mi oído y un estremecimiento me sacude. ¿Por qué te quise tanto? Aquellos que te conocen bien no saben que te conocí: Por mucho, mucho tiempo habré de arrepentirme de ti tan hondamente, que no puedo expresarlo. En secreto nos encontramos, y en silencio me lamento de que tu corazón pueda olvidar y tu espíritu engañarme. Si llegara a encontrarte tras largos años, ¿cómo habría de saludarte? ¡Con silencio y con lágrimas! Lord Byron | Asomaba a sus ojos una lágrima y a mis labios una frase de perdón... habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino, ella por otro; pero al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: "¿Por que callé aquél día?" y ella dirá. "¿Por qué no lloré yo?" G. A. Bécquer
|
«La Luna inquieta caminaba por el cielo y en ningún lugar se detenía: con calma iba ascendiendo con una estrella o dos al lado. «Sus rayos imitaban el sofoco de las aguas, como escarcha matutina se extendían; mas allí donde se extendían la sombra enorme del barco, las aguas encantadas siempre ardían con un rojo tranquilo y terrible. «Más allá de la sombra del navío contemplaba las serpientes de las aguas: se movían dejando estelas de blanco resplandor; y cuando se erguían, la luz encantada se convertía en copos canos. S. T. Coleridge. | Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura, El Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul; y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul. José de Espronceda.
|
Comentarios
Publicar un comentario