TEMA 5 EL SIGLO XVIII: el género narrativo

 













TAREA 1: Lee el siguiente fragmento de Robinson Crusoe y explica por qué podemos decir que el personaje se corresponde con el típico hombre del siglo XVIII, ¿Por qué crees que su historia ha fascinado a tantos lectores durante tanto tiempo? ¿Con qué tipo de espectáculo actual se relaciona?

TEXTO: PRIMEROS DÍAS EN LA ISLA
Y ahora que voy a entrar en el melancólico relato de una vida silenciosa, como jamás se ha escuchado en el mundo, comenzaré desde el principio y continuaré en orden. Según mis cálculos, estábamos a 30 de septiembre cuando llegué a esta horrible isla por primera vez […]. Al cabo de diez o doce días en la isla, me di cuenta de que perdería la noción del tiempo por falta de libros, pluma y tinta y que entonces, se me olvidarían incluso los días que había que trabajar y los que había que guardar descanso. Para evitar esto, clavé en la playa un poste en forma de cruz en el que grabé con letras mayúsculas la siguiente inscripción: «Aquí llegué a tierra el 30 de septiembre de 1659». Cada día, hacía una incisión con el cuchillo en el costado del poste; cada siete incisiones hacía una que medía el doble que el resto; y el primer día de cada mes, hacía una marca dos veces más larga que las anteriores. De este modo, llevaba mi calendario, o sea, el cómputo de las semanas, los meses y los años.

Hay que observar que, entre las muchas cosas que rescaté del barco, en los muchos viajes que hice,
como he mencionado anteriormente, traje varias de poco valor pero no por eso menos útiles; a saber:
plumas, tinta y papel de los que había en varios paquetes que pertenecían al capitán; tres o cuatro
compases, algunos instrumentos matemáticos, cuadrantes, catalejos, cartas marinas y libros de
navegación; todo lo cual había amontonado, por si alguna vez me hacían falta. También encontré tres
Biblias muy buenas, que me habían llegado de Inglaterra y había empaquetado con mis cosas, algunos
libros en portugués, y otros muchos libros que conservé con gran cuidado. Tampoco debo olvidar que en el barco llevábamos un perro y dos gatos, de cuya eminente historia diré algo en su momento, pues me traje los dos gatos, y el perro saltó del barco por su cuenta y nadó hasta la orilla, al día siguiente de mi desembarco con el primer cargamento. A partir de entonces, fue mi fiel servidor durante muchos años. Me traía todo lo que yo quería y me hacía compañía; lo único que faltaba era que me hablara pero eso no lo podía hacer. Como dije, había encontrado plumas, tinta y papel, que administré con suma prudencia y puedo demostrar que mientras duró la tinta, apunté las cosas con exactitud. Mas cuando se me acabó, no pude seguir haciéndolo, pues no conseguí producirla de ningún modo.

Esto me hizo advertir que, a pesar de todo lo que había logrado reunir, necesitaba más cosas, entre ellas
tinta y también un pico y una pala para excavar y remover la tierra, agujas, alfileres, hilo y ropa blanca,
de la cual aprendí muy pronto a prescindir sin mucha dificultad.

Pero, ¿qué necesidad tenía de preocuparme por la monotonía que me imponía cualquier obligación si
tenía todo el tiempo del mundo para realizarla? Tampoco tenía más que hacer cuando terminara, al
menos nada que pudiera prever, si no era recorrer la isla en busca de alimento, lo cual hacía casi todos
los días.

Comencé a considerar seriamente mi condición y las circunstancias a las que me veía reducido y decidí poner mis asuntos por escrito, no tanto para dejarlos a los que acaso vinieran después de mí, pues era muy poco probable que tuviera descendencia, sino para liberar los pensamientos que a diario me afligían. A medida que mi razón iba dominando mi abatimiento, empecé a consolarme como pude y a anotar lo bueno y lo malo, para poder distinguir mi situación de una peor; y apunté con imparcialidad, como lo harían un deudor y un acreedor, los placeres de que disfrutaba, así como las miserias que padecía, de la siguiente manera: 

 Malo

 Bueno

 He sido arrojado a una horrible isla desierta, sin esperanza alguna de salvación

 Pero estoy vivo y no me he ahogado como el resto de mis compañeros de viaje. 

 Al parecer, he sido aislado y separado de todo el mundo para llevar una vida miserable

 Pero también he sido eximido, entre todos los tripulantes del barco, de la muerte; y Él, que tan milagrosamente me salvó de la muerte, me puede liberar de esta condición

 Estoy separado de la humanidad, completamente aislado, desterrado de la sociedad humana

 Pero no estoy muriéndome de hambre ni pereciendo en una tierra estéril, sin sustento.

 No tengo ropa para cubrirme.

 Pero estoy en un clima cálido donde, si tuviera ropa, apenas podría utilizarla.

 No tengo defensa alguna ni medios para resistir un ataque de hombre o bestia

 Pero he sido arrojado a una isla en la que no veo animales feroces que puedan hacerme daño, como los que vi en la costa de África; ¿y si hubiese naufragado allí?

 No tengo a nadie con quien hablar o que pueda consolarme.

 Pero Dios envió milagrosamente el barco cerca de la costa para que pudiese rescatar las cosas necesarias para suplir mis carencias y abastecerme con lo que me haga falta por el resto de mi vida.

 En conjunto, este era un testimonio indudable de que no podía haber en el mundo una situación más miserable que la mía. Sin embargo, para cada cosa negativa había algo positivo por lo que dar gracias. Y que esta experiencia, obtenida en la condición más desgraciada del mundo, sirva para demostrar que, aun en la desgracia, siempre encontraremos algún consuelo. Habiendo recuperado un poco el ánimo respecto a mi condición y renunciando a mirar hacia el mar en busca de algún barco, comencé a ocuparme de mejorar mi forma de vida, tratando de facilitarme las cosas lo mejor que pudiera.





TAREA 2: Lee el siguiente fragmento de Los viajes de Gulliver y resume con tus palabras, cuáles son los principales problemas que Gulliver encuentra en la saciedad británica y cuáles son las virtudes del reino de los  houyhnhnms:

«(…)En otra conversación Su Majestad recapituló todo lo que yo le había dicho y arribó a la siguiente conclusión: «Mi pequeño amigo Grildrig: has hecho una admirable exposición sobre tu país, sobre su historia, sus instituciones, su cultura, su religión y sus costumbres. Has probado con absoluta claridad que la ignorancia, la pereza y el odio son los ingredientes apropiados para formar un legislador; que quieres mejor explican, interpretan y aplican las leyes son aquellos cuyos intereses y habilidades residen en pervertirlas, confundirlas y eludirlas. Observo en tu patria algunos rasgos de una institución que en su origen pudo haber sido tolerable; pero la mitad ha sido borrada, y el resto, manchado por corrupciones. De lo que has dicho resulta que en tu país no se requiere perfección alguna para aspirar a alguna posición, y mucho menos que los hombres sean ennoblecidos por sus virtudes; los sacerdotes ascendidos por su piedad o sabiduría; los soldados, por su comportamiento y valor; los jueces, por su integridad; los senadores, por el amor a su patria; y los consejeros, por su prudencia. (…)

(…) Como viví tres años en aquel país, puedo hablar con bastante conocimiento sobre el estilo de vida y las costumbres de los houyhnhnms. Tienen una disposición natural para todas las virtudes y carecen de una concepción de lo que es el mal en los seres racionales. Su principal máxima es cultivar la inteligencia y dejarse gobernar enteramente por ella. Pero ellos no emplean la razón, como nosotros, para debatir a favor o en contra de algo, sino que los gobierna una convicción inmediata que no se encuentra corrompida por la pasión o el interés. Recuerdo que me resultó muy difícil hacerle entender a mi amo la palabra «opinión», o la posibilidad de discutir sobre un punto. El sostenía que la razón nos enseña a afirmar o negar sólo lo que es cierto, y sobre lo que se encuentra más allá de nuestro conocimiento nada podemos hacer. De este modo, las controversias, las disputas y la terquedad sobre falsas o dudosas proposiciones son males desconocidos para los houyhnhnms. Por eso, cuando le hablé de nuestros sistemas filosóficos, se burló de que una criatura que se atribuía uso de razón se apoyara en las conjeturas de otros.

La amistad y la benevolencia son las dos principales virtudes de los houyhnhnms. Un extraño, procedente del lugar más remoto, recibe igual trato que un familiar. Son muy corteses, pero para nada ceremoniosos ni solemnes. No malcrían a sus hijos y los educan según los dictados de la razón. El mismo cariño que demuestran por sus propios hijos lo extienden a todas las crías, porque la naturaleza les enseña a amar a toda la especie. (…)»

Jonathan Swift




TAREA 3: Lee los siguientes textos de la escritora Jane Austen y escribe un párrafo en el que expreses tu impresión de cuál era la situación de la mujer respecto al matrimonio en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX

"Fueron subiendo por las colinas alborozándose con cada rayo de sol y cada desgarro azul, pensando en los propios pronósticos; y al recibir deliciosamente en sus rostros los soplos vivificantes del claro viento del sudoeste, lamentaron que los temores de su madre y hermana no habían permitido a éstas disfrutar de aquellas sensaciones tan exquisitas.

-¿Existe alguna felicidad en el mundo superior a ésta? -preguntó Marianne-. Margaret, hoy vamos a caminar por lo menos dos horas.

El aspecto de aquel joven era exacto al que su fantasía hubiese podido esbozar para el héroe de una novela, y la manera resuelta, sin perder un segundo, con que la había llevado a casa, tan desprovista de formalidades y ceremonias, revelaba rapidez de reflejos y resolución. Cuanto se relacionaba con él resultaba interesante. El nombre era agradable, su casa quedaba en el pueblo favorito de ella, y no tardó en decidir que, de todas las indumentarias masculinas, la chaqueta de caza era la más atractiva.

Marianne comenzó a darse cuenta de que su desesperanza de los dieciséis años, respecto a hallar un hombre que colmase sus ideas sobre la perfección masculina, había sido ligera e infundada.  Willoughby le ofreció ahora cuanto su imaginación soñara en otros momentos más optimistas, como capaz de engendrar en ella un verdadero afecto; y la conducta de él anunciaba tanta seriedad en sus deseos como autenticidad en sus dotes."
Sentido y sensibilidad

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. 
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean que algunas le consideran de su legítima propiedad, y otras, de la de sus hijas. 
—Mi querido señor Bennet —le dijo un día su esposa—, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park1 ? El señor Bennet respondió que no. 
—Pues así es —insistió ella—; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo. El señor Bennet no hizo ademán de contestar. —¿No quieres saber quién lo ha alquilado? —se impacientó su esposa. 
—Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo. 
Esta sugerencia le fue suficiente. 
—Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Morris; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de sus criados estarán en la casa a finales de la semana que viene. 
—¿Cómo se llama? 
—Bingley. 
—¿Está casado o soltero? 
—¡Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas! 
—¿Y qué? ¿En qué puede afectarles? 
—Mi querido señor Bennet —contestó su esposa—, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas. —¿Es ese el motivo que le ha traído? —¡Motivo! Tonterías, ¿cómo puedes decir eso? Es muy posible que se enamore de una de ellas, y por eso debes ir a visitarlo tan pronto como llegue.
Orgullo y prejuicio


TAREA 5: Resume con tus palabras cuáles son los planes de la Marquesa de Mertuil

CARTA II LA MARQUESA DE MERTEUIL AL VIZCONDE DE VALMONT, EN LA QUINTA DE… 
 
Vuelva usted, mi querido vizconde, vuelva usted. ¿Qué hace usted ahí? ¿qué puede hacer en casa de una tía anciana que le ha instituido a usted heredero de sus bienes? Parta usted al instante, que yo lo necesito. Me ha ocurrido una idea excelente y quiero confiarle su ejecución. Estas pocas palabras deben bastar a usted y, demasiado honrado con mi elección, debe venir ansioso a recibir mis órdenes a mis pies; pero usted abusa de mis bondades, aun después de que ha cesado de aprovecharse de ellas; y en alternativa de un adiós eterno o de una excesiva indulgencia, dicha de usted quiere que pueda más mi bondad. Deseo, pues, informarle de mis proyectos; pero júreme usted a fe de caballero fiel que no correrá ninguna aventura antes de haber dado fin a ésta; es digna de un héroe, servirá usted al amor y a la venganza, en fin, será como una hazaña más que añadirá a sus memorias; sí, a sus memorias, porque quiero que sean publicadas un día, y yo me encargo de escribirlas. Pero dejemos esto y vamos a la idea que me ocupa. La señora de Volanges casa su hija: todavía es un secreto; pero ayer me lo ha confiado. 
¿Quién cree usted que ha escogido para yerno suyo? El conde de Gercourt. ¿Quién me hubiera dicho que yo llegaría a ser la prima de Gercourt? Tengo una rabia… ¿qué? ¿no adivina usted todavía? ¡Oh, torpe entendimiento! 
¿Le ha perdonado usted ya el lance de la intendenta? ¿y yo no debo quejarme aún más de él, monstruo? Pero me calmo, y la esperanza que concibo de vengarme tranquiliza mi espíritu. 
Mil veces se ha fastidiado usted como yo con la importancia da Gercourt a la mujer con quien se casará, y con la necia presunción de creer que evitará la suerte que cabe a todos. Usted sabe su ridícula presunción en favor de la educación que se recibe en conventos, y su preocupación, todavía más ridícula, en favor del recato de las rubias. En efecto, apostaría yo que a pesar de sesenta mil libras de renta que tiene la joven Volanges, jamás hubiera casado con ella si se hubiese tenido el pelo negro, o no hubiese estado en el convento. Probémosle, pues, que es un tonto: los llevará un día, no es eso lo que me apura, pero lo gracioso sería que empezase por ello. ¡Cuánto nos divertiríamos al día siguiente oyéndolo jactarse! Porque se jactará, sin duda, y a más de esto llega usted a formar a esta muchacha, será gran desdicha si el tal Gercourt no viene a ser, como cualquier otro, la fábula de París. Por lo demás, la heroína de esta novela merece toda la atención de usted; verdaderamente bonita, no tiene más de quince años, es un botón de rosa, lerda, a la verdad, como ninguna, y sin la menor gracia, pero ustedes los hombres no temen esto; tiene, además, cierto mirar lánguido que seguramente promete mucho; añada usted que yo se la recomiendo, con lo que no tiene más que hacer que darme las gracias y obedecerme. 
Recibirá usted esta carta por la mañana; exijo que a las siete de la tarde esté ya conmigo. No recibiré a nadie hasta las ocho; ni aun al caballero favorito: no tiene bastante cabeza para un negocio tan grave. Ya ve usted que no me ciega el amor. A las ocho daré a usted su libertad y a las diez volveré a mi casa para cenar con su hermoso objeto, porque la madre y la hija cenarán conmigo. Adiós; son más de las doce, pronto no me ocuparé más de usted. 
París, 4 de agosto de 17…


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