Tema 3 Literatura medieval: aspectos generales

 



 Lee los siguientes textos e intenta analizar a qué género literario pertenece y a qué grupo social estaba destinado:

1. El rey Carlos, nuestro emperador, el Grande, siete años enteros permaneció en España: hasta el mar conquistó la altiva tierra. Ni un solo castillo le resiste ya, ni queda por forzar muralla, ni ciudad, salvo Zaragoza, que está en una montaña. La tiene el rey Marsil, que a Dios no quiere. Sirve a Mahoma y le reza a Apolo. No podrá remediarlo: lo alcanzará el infortunio.

II

El rey Marsil se encuentra en Zaragoza. Se ha ido hacia un vergel, bajo la sombra. En una terraza de mármoles azules se reclina; son más de veinte mil en torno a él. Llama a sus condes y a sus duques:

-Oíd, señores, qué azote nos abruma. El emperador Carlos, de Francia, la dulce, a nuestro país viene, a confundirnos. No tengo ejército que pueda darle batalla; para vencer a su gente, no es de talla la mía. Aconsejadme, pues, hombres juiciosos, ¡guardadme de la muerte y la deshonra!

2. Algunos decían que lo que más quieren las mujeres es la riqueza; otros, la honra; otros, el pasarlo bien; otros, los ricos atavíos; otros, que lo que preferirían eran los placeres de la cama y enviudar y volver a casarse con frecuencia. Algunos decían que nuestros corazones se sienten más felices cuando se nos consiente y lisonjea, lo que tengo que admitir está muy cerca de la verdad. La lisonja es el mejor método con que un hombre puede conquistarnos; mediante atenciones y piropos, todas nosotras caemos en la trampa.

Pero algunos afirmaban que lo que nos gusta más es ser libres y hacer nuestro antojo y no tener a nadie que critique nuestros defectos, sino que nos recreen los oídos diciendo que somos sensatas y nada tontas; pues, a decir verdad, no hay ninguna de nosotras que no diese coces si alguien le hiriese en un sitio doloroso. Si no, probad y lo veréis; por malas que seamos por dentro, siempre queremos que se piense de nosotras que somos virtuosas y juiciosas.


3. Ver , hablar,
tocar, besar
la moza me había otorgado gozarlo;
pero aun distaba
la última
y mejor meta
del amor.

4. Cuando la veo se me nota perfectamente en los ojos, en el semblante, en el color, pues así tiemblo de miedo como hace la hoja contra el viento. No tengo ni el juicio de un niño: tan sobrecogido me tiene el amor; y de un hombre conquistado de tal suerte, una señora bien puede tener gran misericordia.

Excelente señora, nada os pido, tan solo que me toméis por servidor, que os serviré como a un buen señor, cualquiera que sea el premio que tenga.

(Ventadorn en M. de RiquerLos trovadores)

5. Así que en una fiesta de la Ascensión había reunido el rey Arturo su corte, tan rica y hermosa como le gustaba, tan espléndida como a un rey convenía. Después de la comida quedóse el rey entre sus compañeros. En la sala había muchos nobles barones, y con ellos también estaba la reina. Además había, a lo que me parece, muchas damas bellas y corteses que hablaban con refinamiento la lengua francesa.

En tanto Keu, que había dirigido el servicio de las mesas, comía con los condestables. Mientras Keu estaba sentado ante su comida, he aquí que se presentó un caballero ante la corte, muy pertrechado para el combate, vestido con todas sus armas. El caballero con tales arreos se llegó ante el rey, adonde estaba Arturo sentado entre sus barones, y sin saludarle, así dijo:

[50]  «¡Rey Arturo, retengo en mi prisión a caballeros, damas y doncellas de tu tierra y tu mesnada! Pero no te digo tales nuevas porque piense devolvértelos. Por el contrario te quiero advertir y hacer saber que no tienes poder ni haberes con los que puedas recobrarlos. ¡Sábete bien que morirás sin poderlos ayudar!»

6 1    ¡Oíd! Yo conozco la fama gloriosa

2   que antaño lograron los reyes daneses,

3.  los hechos heroicos de nobles señores.

4   A menudo los bancos tomábales Skild,

5   el hijo de Skef, a la gente enemiga;

6   infundía pavor el que fue recogido

7   en penoso abandono. Consuelo le cupo,

8   pues luego en la tierra con gloria vivió

9   y a todos los pueblos que habitan la orilla

10 del paso del pez a su mando los tuvo,

11  tributo le daban. ¡Era un rey excelente!

12 Entonces un hijo le vino a nacer,

13 heredero en palacio. Enviábalo Dios

14 en alivio del pueblo: Él sabía su aprieto

15 de tiempos atrás, cuando mucho sufrieron

16 sin un soberano. El Señor de la vida,

17 el Dios Celestial, concedióle renombre:

18 fue famoso Beowulf, lejos la gloria

19 del hijo de Skild se extendió por Escania…

7 No canto por pájaro ni por flor, ni por nieve ni por helada, ni tampoco por frío ni por calor, ni por el reverdecer del prado; ni canto ni fui cantor por ningún otro alborozo, sino por mi señora, a quien sirvo, pues es la más hermosa del mundo. (…)

Gran honor conseguiré, señora, si me otorgáis el honor de que os pueda, bajo colcha, abrazar desnuda. Vos superáis cien veces a las mejores _ y no me vanaglorio_  ; solo pensarlo me hace tener el corazón más gozoso que si fuera emperador.

Hago de mi dama dueño y señor, cualquiera que sea mi destino. Y pues yo bebí amor, os he de amar en secreto.

8 Sale a la alborada la zagalilla
con su rebaño y con su cayado.
...
En el prado ve
a un escolar sentado:
"¿Qué haces ahí señor?
Ven a retozar conmigo." #

 9 "Allí percibí, en primer lugar, las fúnebres imágenes de la Traición y de todas sus intrigas; la Ira cruel, roja como las brasas incandescentes; el ladrón y el macilento Miedo; la fétida Guerra, de heridas sangrantes; la Discordia, con el cuchillo goteando y miradas amenazadoras. Un ruido chirriante llenaba este horripilante lugar. Y allí podía verse a los suicidas, con la sangre de su corazón empapándoles el cabello; la cabeza durmiente hendida por un clavo, y detrás, temible, la Muerte con la boca entreabierta. Con la faz triste e incómodamente sentada en medio del templo estaba la Desgracia. Allí podíais ver a la Locura reír con frenesí; la rebelión armada, el clamor de la protesta, y el despiadado ultraje; al cadáver de carroña arrojado sobre un arbusto con la garganta cercenada; a un millar de muertos, víctimas de Marte, ni siquiera por causa de la peste; al tirano forcejeando con su presa despojada, ciudades como cloacas y desperdicios esparcidos. En lo alto, pintada sobre una torre, vi a la Conquista centrada en el trono, con una afilada espada colgando de un fino hilo sobre su cabeza."
(Geoffrey Chaucer, Cuentos de Canterbury)

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